lunes, 15 de octubre de 2012

Ella no tiene la culpa y no entiende que me pasa

Llevo un mes complicado, en lo que a trabajo se refiere. Mucho trabajo. Tengo responsabilidades nuevas, además de las que ya tenía. Así que el volumen de trabajo, amén de que parte no la controlo al 100%, me produce un estado constante de ansiedad y agotamiento. A todo esto, el entorno de la Princesa no me ayuda: decisiones del colegio que ni entiendo ni comparto, escapes de pis, pérdida de jersey... Vamos, que mejor que quiero.
Y no sé si ese estado permanente de crispación se lo transmito sin querer a la Princesa y ella también está irascible o que yo estoy más sensible y a la primera de turno salto. El caso es que el lunes, martes y miércoles de la semana pasada terminaron con escena de la Princesa al más puro estilo de niño protagonista de Super Nanny. Patadas al suelo, gritos, rabietas... Tuve de todo. Y estos días de fiesta en los que hemos podido descansar y la Princesa ha estado adorable he podido reflexionar mucho sobre lo que mi amigo Mano me comentó hace muchísimo tiempo, cuando yo no era madre y su hijo tenía 4 años. Una de las cosas más complicadas de convivir con un enano es reprimir tu estado de ánimo, sobre todo si es malo, cuando llegas a casa. Tu marido puede entender que hayas tenido un mal día y pasará por alto cualquier mal gesto que te salga sin querer o queriendo. Pero ellos no. No te puedes alterar por tener que repetir cien veces "ponte las zapatillas" si todos los días lo haces sin inmutarte. No te puedes molestar cuando por décima vez te cuente que Arturo no ha ido al cole porque ella siempre lo hace y tú, normalmente, escuchas y  sigues la conversación. En definitiva, ella no tiene la culpa y no entiende lo que pasa.
Así que ahora que estamos descansados y que parece que la armonía vuelve a nuestra casa, trataré de no caer en el mismo error de la semana pasada y del que ya me advirtieron.

¡¡Feliz semana!!!

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