jueves, 4 de octubre de 2012

El Club del Oso Panda


Cuando una va a ser madre le cuentan multitud de anécdotas y chascarrillos y te previenen de los grandes cambios que se van a producir en tu vida. Pero absolutamente nadie te habla del club del oso panda. Puede ser porque no todas las madres están elegidas para participar en él. El prototipo de madre marcada por ese don es aquella mujer multitarea que quiere llegar a todo y no puede o sabe delegar. Levantar a los niños, preparar las mochilas, llevar a los peques al cole, trabajar en algo estresante en la otra punta de la ciudad y ser cocinilla son algunas de sus actividades cotidianas. Si a todo eso añadimos algunas distracciones adicionales como preparar cumpleaños, ayudar a sus amigas y a otras madres, escribir un blog o practicar algún deporte a horas intempestivas entonces te conviertes en el candidato ideal para pertenecer al club. El club es lo mas parecido a una secta. Tú entrada no va precedida de una solemne ceremonia ni eres consciente de que te han captado. Un día te levantas y te das cuenta de que unas curiosas manchas negras te rodean los ojos. Si eso ocurre, date por captada: estás en el club. Aparentemente son ojeras, pero no. Nunca en la vida has tenido tantas ojeras y además ni el mejor maquillaje es capaz de disimularlas. Ese día es, sin duda, el primer día de permanencia en club del oso panda. Y por mucho que lo intentes no podrás salir de él en, al menos, los próximos 15 años. Yo pertenezco con orgullo al club. ¿Y tú? Si eres madre trabajadora, fuera de casa, me refiero, bienvenida al club. Tarde o temprano entrarás si no estás dentro ya.

Feliz jueves  

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