lunes, 9 de abril de 2012

Lunes de Pascua: el día de la marmota



Hoy es Lunes de Pascua, festivo en muchos lugares de España y en otros no. Cuando esta entrada vea la luz a mi me quedarán 15 minutos de vacaciones. Así que os podéis imaginar que en mi ciudad, Madrid, no es fiesta. Aunque cortas, las vacaciones de Semana Santa para mi son imprescindibles anímicamente hablando. En general, todas las vacaciones. Las de verano por aquello de que son las más largas, las de Navidad por la parte familiar y las de Semana Santa porque, si el tiempo acompaña, siempre son muy agradables. Y la vuelta al trabajo, después de cada uno de estos periodos vacacionales, también son interesantes y ahí es donde radica, en concreto, la importancia de las vacaciones de Semana Santa para mi. Tras las de Navidad, regresas con muchos propósitos por aquello de que empezamos el año, la vuelta del verano es la vuelta al cole y casi todo es nuevo: el curso de los peques, los horarios y tus proyectos. Y la de Semana Santa es importante porque es el anuncio de la primavera y el buen tiempo y porque no queda nada para finalizar el curso laboral y escolar. Tanto al Santo, como a la Princesa, como a mi por supuesto, les pido un último esfuerzo. Es el momento de echar el resto y en menos que canta un gallo estamos en verano.  Y eso me anima mucho y me ayudará hoy a ir al trabajo con una inmensa sonrisa.
Eso si,  el día de hoy es muy aburrido, tanto como el de ayer. Vivido un Lunes de Pascua, vividos todos. Es como el día de la marmota. No creo que me equivoque si me juego una mano a que hoy se va hablar de las estadísticas de los fallecidos en la carretera, de la operación regreso, de la ocupación hotelera, de la mala suerte del tiempo, de los kilos de pan que se han consumido en forma de torrija, de como han vivido las hermandades las últimas procesiones del 2012, de las monas de Pascua... Si los que hacen los telediarios se ven muy apurados de tiempo, pueden coger una pieza de cualquier otro año y ni nos enteramos. Mira que nos gusta escuchar siempre lo mismo.
La Semana Santa son unas fiestas que me gustan. Tienen sus tradiciones (el niño malo, la nevada inesperada que siempre llega, la caravana de ida y vuelta...), su momento de recogimiento, oración y devoción (por lo menos para mi) y, por supuesto, también tiene su momento culinario. Adoro el potaje (aunque este año me he quedado sin comerlo) y las torrijas. Y lo bueno de las torrijas es que, al contrario de los dulces navideños, duran hasta hoy o a más tardar mañana. Y no se pasean de la cocina al salón y viceversa, en una bandejita que lo único que hace es incordiar.

¡Vamos que ya no queda nada!

Feliz Pascua de Resurrección

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