martes, 5 de septiembre de 2017

¿Y si dejamos de poner la venda antes de que se haga la herida?


Este verano he sido muy crítica conmigo misma. Sobre todo he criticado, y mucho, una faceta de mi papel como madre. Pero el mío y de casi todos los padres que me rodean. Quizá es que he tenido tiempo para reflexionar o quizá es porque ya estoy un poquito hartita de niños tiranos, exigentes y egoístas. Y no estoy descalificando a ningún niño ajeno. Son adjetivos descalificativos (me vas a permitir el palabro) que perfectamente se pueden atribuir a la Princesa. La culpable no es la niña. Los culpables somos su padre y yo, y todos aquellos que le hacen la vida tan fácil.
No sé en que momento nos hemos agilipollado  vuelto locos y hacemos cualquier cosa para poner la venda a nuestros hijos antes de que se hagan la herida. Y en lugar de protegerles les estamos convirtiendo en personas tremendamente demandantes, intransigentes e insaciables.
¡Qué flaco favor les hacemos cuando vamos al cine porque si, a comer/cenar fuera, a tomar algo sin nada que celebrar y, lo más importante, si explicarles que aunque cualquiera de esas acciones son ordinarias en la vida que llevamos, en el fondo son extraordinarias.  Porque el dinero no crece de los árboles (por muy verdes que sean los billetes de 100 €), porque comer siempre pasta puede tener secuelas en tu organismo y porque mamá y papá trabajan mucho como para que les apetezca seguir jugando después de cenar.
Si no nos plantamos y decimos no una mil veces, si no dejamos que se caigan para ponerles la tirita con razón, si no dejamos de hacer lo impensable para que no se aburran, en definitiva, si no dejamos de anteponernos a sus necesidades, no sé si serán o no unos niños felices, pero lo que tengo claro es que serán unos adultos desgraciados porque no habrá nadie que les ponga la red cuando tengan que subirse al trapecio. 

¡¡¡FELIZ MARTES!!!  

lunes, 28 de agosto de 2017

Cómo afronto la vuelta a la rutina


Hoy vuelvo a la rutina. Ayer regresamos a casa después de mes y medio de veraneo (que no de vacaciones). Y la primera bofetada me la dio la Princesa nada más bajar del coche: "Mamá, aquí no huele a campo". ¡Qué gran razón! Y el pájaro carpintero que nos ha dado los buenos días durante todo el verano ha sido sustituido por el claxon de un coche. Pero aún así, estoy dispuesta a vivir intensamente este otoño y disfrutar de cada uno de sus días (y eso que no es una estación que me apasione).
Siendo un verano muy divertido, sin grandes planes pero si con enormes momentos, muchos han sido los acontecimientos a mi alrededor que me han hecho darme cuenta de que la felicidad consiste precisamente en eso. En pequeños momentos que te hacen esbozar una sonrisa cuando los recuerdas. 
Y con ese espíritu afronto la vuelta a la rutina. Con la intención de disfrutar cada uno de las pequeñas cosas y momentos que me  hacen feliz. No todo es malo, piénsalo. Y si ves que nada te llena, cambia de vida porque solo se vive una vez y no podemos desaprovechar ni un solo segundo. 

¡¡FELIZ LUNES!!

viernes, 25 de agosto de 2017

Viernes dando la nota Summer Edition Mudo: Vivir sin miedo





No quiero que nadie me quite mi libertad. No quiero vivir con miedo



jueves, 24 de agosto de 2017

La Receta: Lentejas rápidas y light de la abuela


¿Qué hace una abuela cuando sus nietos le piden que hagan de comer lentejas un caluroso día de verano en el que el termómetro no baja de los 35 grados? Pues lentejas. Si, eso es lo que hemos comido hace un par de días. Como dato te diré que después de comer yo me tuve que dar una ducha de la sudada que tenía. Y eso que estas lentejas prácticamente no tienen grasa. A los niños les encantan y a mi me encantan que les encanten. Te dejo la receta: 

INGREDIENTES (para 4 personas)

  • 2 frascos de lentejas cocidas
  • 50 grs. de jamón serrano cortado en taquitos
  • Media cebolla
  • 3 dientes de ajo
  • 1 zanahoria
  • 1 patata
  • 2 pastillas de caldo de carne
  • 1 cucharada colmada de harina
  • Aceite
  • Pimienta

PREPARACIÓN

En una cacerola se pone litro y medio de agua, con las pastillas de caldo, dos dientes de ajos (sin pelar) y la mitad de la cebolla cortada en trozos pequeños. Se pone a fuego bajo mientras picamos el resto de la cebolla y reservamos. Calentamos en una sartén una cucharada y media de aceite. Cuando coja temperatura, freímos el jamón y lo incorporamos al agua evitando que caiga el aceite porque en él pocharemos la cebolla que teníamos reservada. Cuando la cebolla esté transparente, echamos la harina y esperamos a que se tueste, moviéndola de vez en cuando. Mientras, en un mortero, machacamos el ajo que nos queda, con la pimienta (al gusto). Una vez machado, rellenamos el mortero con agua, juntamos todo bien, y lo echamos a la cacerola que teníamos en el fuego. A continuación, pelamos la zanahoria y la cortamos en trozos pequeños y la incorporamos a la cacerola. Es el momento de las lentejas. Las sacamos del frasco, las lavamos bien en un escurridor y reservamos. Después, hacemos con la patata lo mismo que hemos hecho con la zanahoria e incorporamos finalmente las lentejas. Con todos los ingrediente en la cacerola, dejamos cocer. El tiempo nos lo dará la zanahoria. Cuando esté blanda, ya estarán listas las lentejas. 
Parecen laboriosas, pero de verdad que no lo son. En media hora puedes tener unas lentejas ricas, ricas y sobre todo saludables. 

¡¡¡FELIZ JUEVES!!!

martes, 22 de agosto de 2017

Algunos españoles no tienen memoria


Qué efímera es la memoria cuando nos interesa. Yo, por suerte o por desgracia, tengo muy buena memoria y voy a refrescar algunos hechos para aquellos que tienen lagunas históricas que, por lo general, también sufren de incontinencia verbal.
Para empezar os recordaré que España fue un país de refugiados.Y no receptor, precisamente, sino emisor. La Guerra Civil provocó que miles de españoles huyeran a otros países, prácticamente con lo puesto, en busca de una nueva vida. La forma de llegar no era en patera, pero si a pie o hacinados en trenes. Sin ir más lejos a Francia llegaron más de medio millón. Alemania, México, Cuba, Chile, Argentina o Venezuela fueron otros de los destinos forzosos de nuestro pasados.
Ahora es España la que acoge y parece que molesta. "Es que traen enfermedades", he llegado a leer por ahí. Como que los españoles de antaño iban en trenes de primera y oliendo a colonia "Álvarez Gómez". Quizá es que de eso ya ha pasado casi un siglo y nos pilla lejos. 
Pero avancemos en el tiempo: 2010.  La banda terrorista ETA (españoles pese a que piensen lo contrario) atenta en Francia contra un brigada de la policía francesa causándole la muerte. Llegado a ese punto, el país vecino no solo nos ayudaba a vencer al terrorismo sino que encima tenía que sumar una víctima. Entonces no se oyó ninguna voz que pidiese la expulsión de todos los españoles de Francia, no nos convertimos todos en terroristas. Ahora es al contrario y en estos días he leído y escuchado bastantes barbaridades a este respecto. "Fuera todos los moros" sería la frase que mejor resumiría estas opiniones. Y, sinceramente, me avergüenza pertenecer a una sociedad así, tan populista, que generaliza tan alegremente sin pararse a pensar que el problema no son los "moros" asentados en España. Porque nuestro país no es el objetivo. No hay que olvidar que son 34 las nacionalidades de las víctimas. Es más, expulsar a todos los musulmanes como solución contra el terrorismo es como si hace 10 años a los españoles nos hubieran prohibido la entrada a otros países por terroristas. Una atrocidad, ¿verdad? Pues lo mismo que están haciendo los que señalan a todos los musulmanes del mundo como miembros del ISIS o Daesh, que son los que están causando el terror en el mundo.
Así que antes de hablar, opinar o dar soluciones a este grave problema que afecta a Occidente, lo mejor es pararse a pensar, bucear en la historia y respetar a los que saben, entienden y están trabajando en ello. Nuestro papel, como inexpertos y padres, es educar a nuestros hijos para que sean personas de mundo, con la mente abierta y  con el firme propósito de vivir en paz. Y como ciudadanos, conseguir una sociedad que impida que esos jóvenes, que un día fueron unos niños normales, pierdan la cabeza como lo han hecho estos terroristas. 
¡¡¡FELIZ MARTES!!
(pese a todo)

lunes, 21 de agosto de 2017

Niños, ¿si o no?

Ya está  bien, hombre. Ya está bien. No aguanto un día más sin opinar sobre este tema. Mucho se ha escrito sobre ello y si bien hace unos meses pensaba que no estaba mal que en algunos lugares se impidiera (no me gusta la palabra prohibir) la entrada de menores, hoy tengo otro concepto. Hoy sigo pensando lo mismo (afortunadamente frente a los hoteles/terrazas/bares niñofóbicos hay muchos más que no lo son) pero la restricción no iría contra los niños en si, sino contra sus padres. Los niños, niños son y no entienden de modales, saber estar o normas de convivencia o cortesía. Ya lo irán aprendiendo. Pero sus padres si o deberían saberlo. Por lo tanto no es cuestión de cargar contra el niño sino contra los padres. Este verano he tenido que soportar a una madre que, obligada a madrugar por su retoño, se ha encargado de que el resto de vecinos también lo hiciésemos. De verdad que, aunque madrugador, el niño es un bendito pero su madre una gritona. En este caso, ¿cargamos contra el niño o con la pesada de su madre? Y qué hablar de los que se van de terrazas y mientras sus hijos están tranquilos, ellos hablan COMO SI HUBIERAN COMIDO UN ALTAVOZ!!!!!! Este mismo verano fuimos con la Princesa a cenar a un restaurante de Madrid y nadie se enteró de que una niña estaba allí. No puedo decir lo mismo de las chicas de la mesa de al lado.
Ya están bien de prohibir. ¡¡Prohibido prohibir!! 

¡¡¡FELIZ LUNES!!!

miércoles, 19 de julio de 2017

Hoy toca médico: ¡Qué caca de caca!

Tras el éxito y las numerosas cuestiones suscitadas con el post del estreñimiento,  y aprovechando que tenemos a mano al Doctor Anónimo (especialista en aparato digestivo) vamos a aclarar algunos mitos y leyendas urbanas relativas a la caca (en todas sus acepciones) y dar respuesta a alguna de las preguntas más comunes que le llegan a su consulta, sin tener necesidad. Allá vamos:
1.- ¿Ayuda al estreñimiento beber un vaso de agua en ayunas? Falso o verdadero. Depende de cada uno. No hay evidencia científica de que esto funcione y como malo no es, si te va bien, ¡adelante!. Si tú lo haces y vas como un reloj, ¡felicidades! Pero si a tu vecina si y a ti no, que haya calma que no tienes nada extraño. 
2.- "Doctor, vengo a verle porque de siempre voy de vientre hasta 3 y 4 veces al día ¿qué tengo?" Pues mucha suerte porque evacuar a menudo, a no ser que sea diarrea, no es síntoma de nada malo sino de un fantástico tránsito intestinal. Otra cosa es que la frecuencia aumente significativamente de un día para otro y por un tiempo prolongado. Entonces no está de más que se lo comentes a tu médico de familia.
3.- "Tengo la digestión rápida y en cuanto como tengo que ir al baño": Verdad a medias. Que no cunda el pánico que no eres un muñeco Baby Born pero si que tienes lo que se llama reflejo gastrocólico, que no es malo. Simplemente cuando ingieres alimentos, tu aparato digestivo se pone a trabajar más intensamente (recuerda que la digestión nunca se para), y al expandirse las paredes del estómago se produce un aumento de las contracciones del recto que es lo que te provocar ir al baño. 
4.-La lectura y el váter no son compatibles. ¡Quién lo iba a decir! ¿Quién a falta de una buena lectura no se ha leído hasta el modo de empleo del champú a tu alcance? Pues parece ser que eso es lo máximo que puedes leer. La postura que adquieres cuando tienes una lectura prolongada en el váter no te lleva más que a tener más posibilidades de tener hemorroides. Así que tu paso por el trono tiene que ser rapidito y para leer lo mejor, un buen sillón.
Y creo que con esto dejo zanjado el tema caca, que ¡¡ya está bien!!

¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!   

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